domingo, 11 de diciembre de 2016

Martes 13 de diciembre de 2016

Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,28-32):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».
Contestaron:
«El primero».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

Palabra del Señor

El Señor vendrá y te encontrará… Dormida, dormido, Despierta, despierto. En tu hogar. Comportándote como un huésped, esperando a que te pongan la mesa,te hagan la cama, bajen a por el pan,te tiren la basura… Pendiente de tu familia, de sus problemas, de sus trabajos, adelantándote a hacer las labores domésticas, sorprendiendo gratamente a tu gente. En tu colegio. Dejando pasar las horas, esperando a que toque la campana, conformándote con el “5 raspado.” Ocupado en hacer bien tu trabajo, exprimiendo al máximo los talentos que Dios ha puesto en tu vida y compartiéndolos con tus compañeros más necesitados. En tu parroquia. El cura, el catequista, la del coro, el voluntario de Cáritas, el monitor de tiempo libre… “¿Yo?Con fichar media hora a la semana ya tengo bastante.” Sintiendo y viviendo la parroquia como algo “muy tuyo.” 

Siendo protagonista en la buena marcha de “tu casa.” En tu barrio/localidad. Un desconocido para tus vecinos, apático para las cosas que suceden dos metros más allá de tu ombligo, en definitiva, pasota ante los otros, Sin llamar la atención, sin buscar el aplauso, ocupado y preocupado por el otro, por los otros… En tu corazón. 

Un año más vendrá el Señor y “te pillará” amodorrado en tu vida mediocre y aburrida, esperando, de brazos cruzados y corazón adormilado, un día más, una semana más, un año más… Esperando con confianza, activamente, al Señor. Teniendo las puertas del corazón siempre abiertas, y reconociéndole en cada persona, a través de las cuales Él se sigue haciendo presente; y en cada situación, a través de las cuales Élte sigue interpelando.
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